La palmera de salón (Chamaedorea elegans) es la palmera de interior más pequeña y tolerante que existe, y por eso lleva décadas siendo un clásico en casas y oficinas. Sobrevive con poca luz, ocupa poco espacio y pide muy pocos cuidados. Esta guía explica cómo mantenerla.
Origen y porte
Es originaria de las selvas de México y Guatemala, donde crece en el sotobosque, a la sombra de árboles grandes. De ahí su enorme tolerancia a la poca luz. Es una palmera muy pequeña: rara vez supera el metro o metro y medio en maceta, con hojas pinnadas finas y un aspecto delicado.
Luz
Es la palmera que mejor aguanta los rincones poco iluminados. Prefiere luz indirecta suave y no tolera el sol directo, que le quema las hojas. Es ideal para estancias interiores sin ventana cercana, donde otras palmeras no prosperan.
Riego
Mantén el sustrato ligeramente húmedo, dejando secar la capa superior entre riegos. Es sensible al encharcamiento, así que la maceta debe drenar y el plato no debe acumular agua. En invierno, reduce el riego.
Humedad
Agradece algo de humedad ambiental. En ambientes muy secos pueden aparecer puntas marrones y araña roja. Pulverizar las hojas de vez en cuando previene ambos problemas.
Sustrato y abonado
Sustrato universal con buen drenaje. Abona con moderación de primavera a verano con un fertilizante para plantas verdes. Crece despacio, así que no necesita trasplantes frecuentes.
Problemas frecuentes
- Puntas marrones: aire seco o exceso de sales.
- Hojas amarillas: exceso de riego.
- Araña roja: ambiente demasiado seco.
Si quieres ver cómo se compara con la kentia o la areca, revisa la guía de palmeras de interior.

